Ruta por la Bretaña Francesa

Bretaña francesa: imprescindibles que debes visitar

Francia ha sido el destino del viaje de este verano: cercano, más barato que España (sorprendentemente) y con multitud de alicientes culturales, históricos y gastronómicos. La Bretaña francesa es una región plagada de lugares con encanto desde pueblos medievales en los que te puedes perder en el tiempo, hasta playas increíbles con unas mareas que te dejarán con la boca abierta, pasando por criaderos de ostras, castillos o ciudades corsarias. Te cuento la primera parte de nuestro viaja a Francia, ya que no sólo visitamos Bretaña si no también el Valle del Loira. ¿Te vienes?

Viajar a la Bretaña Francesa: cultura, playas y gastronomía

Bretaña francesa: llegar y moverse

Bretaña (Bretagne, en francés) es una de las regiones más interesantes de Francia. Está situada en el noroeste del país y rodeada en gran parte por el océano Atlántico y el Canal de la Mancha. Para llegar, aunque podrías aterrizar en París, donde más vuelos hay, y desde ahí ir en tren hasta Rennes, que es la capital de la región en una par de horas, yo te aconsejo que si tienes oportunidad vueles a Nantes. Tiene un aeropuerto pequeñito, buenas comunicaciones en tren hacia Rennes y la posibilidad de alquilar un coche.

Sinceramente, hay algunas ciudades de Bretaña bien comunicadas por por trenes regionales (TER), aunque para recorrer los pueblos más pequeños y disfrutar con libertad de la costa, lo mejor es alquilar un coche. No tengas dudas, no es sencillo y no hay demasiados horarios con trenes y autobuses, por ello, si tienes posibilidad mejor con un coche. Nosotros lo hicimos con Discovercars.com y todo fue bien, aunque Herz, nos vendió un seguro propio…

Ir en coche nos permitió dormir en lugares tranquilos, coger carreteras entre pueblecitos de piedra preciosos y visitar castillos como el de Fougerés. Nosotras sólo estuvimos 4 días recorriendo Bretaña, porque después aprovechamos para visitar el Loira, pero si tienes 7 días puedes aprovechar las playas, visitar muchos más lugares y dedicarte al slow travel.

Bretaña: historia y principales ciudades

Bretaña posee una identidad única dentro de Francia: fue un ducado independiente hasta el siglo XVI y conserva un fuerte carácter celta, visible en sus tradiciones, su música y hasta en la lengua bretona que todavía se habla en algunas zonas. La región se divide en cuatro departamentos principales (Ille-et-Vilaine, Côtes-d’Armor, Finistère y Morbihan), cada uno con sus encantos.

Los duques de Bretaña, cuyo castillo está en Nantes, tuvieron muchísima importancia para la configuración del país. Hablar de Bretaña es hablar inevitablemente de Ana de Bretaña (1477–1514), cuya figura nos acompañó durante todo el viaje. Fue la última duquesa independiente de la región y una de las mujeres más influyentes de la Europa de finales de la Edad Media. Ana heredó el ducado con apenas 11 años, en un momento en que Bretaña era codiciada por las grandes potencias vecinas. Primero fue obligada a casarse con el rey Carlos VIII de Francia en 1491, lo que supuso de facto la unión del ducado a la corona francesa. A la muerte de su marido, que se dio con un dintel el pobre, Ana volvió a asumir su título de duquesa y, como mujer inteligente que era, negoció su nuevo matrimonio con Luis XII de Francia. Es una figura fundamental en Bretaña.

Castillos de los Duques de Bretaña en Nantes
Castillos de los Duques de Bretaña en Nantes

Imprescindibles en nuestra ruta por la Bretaña francesa

Dinan

Nuestra ruta comenzó viajando de Nantes a Saint Malo y parando en la ciudad de Dinan que es, simplemente espectacular. Aunque suene a tópico y ya lo hayáis escuchado, Dinan es una joya medieval que parece sacada de un cuento. Es un pueblo completamente anclado en el tiempo y, aunque en agosto había bastante gente, es encantador.

Puedes visitar la Torre del Reloj, sus principales calles, las murallas y el castillo, pero sin lugar a dudas lo más espectacular de este pueblo, o al menos para mí, es la Rue de Jerzual. Se trata de una calle muy larga que une la parte alta del pueblo con el puerto y el río. Es espectacular, no te la pierdas porque merece mucho la pena.

Dinan, la joya medieval
Dinan, la joya medieval

Tip: los días de mercado (como los jueves) algunos parkings del centro se utilizan para los puestos. Aunque es muy cómodo aparcar ahí yo te aconsejo que los hagas en el parking del puerto. Hay dos, uno de pago, asfaltado y otro de tierra (no lo uses si ha llovido, está desaconsejado). Os cuento todo en el post sobre Dinan y os explico porqué mola aparcar ahí.

Saint-Malo

Descubrí Saint-Malo hace muy poquito tiempo viendo la serie La luz que no puedes ver (Netflix) y, sinceramente, me encantó. Es una ciudad costera que lo tiene todo, también bastante turismo local, pero que merece la pena. Es conocida como la “ciudad corsaria”, Saint-Malo es uno de los destinos más emblemáticos de la Bretaña francesa. Lo que más llama la atención es su imponente muralla que encierra la ciudad antigua. Por desgracia, buena parte de la ciudad fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial, como cuenta la serie que os comentaba.

Centro de Saint-Malo
Centro de Saint-Malo

Pero el pasado de esta ciudad es mucho más que ese triste episodio. Aquí vivieron corsarios autorizados por la corona francesa y marineros que exploraron el Nuevo Mundo. Caminar por las murallas ofrece vistas espectaculares del mar, de las mareas más altas de Europa y de las islas cercanas como Grand Bé, donde está enterrado el escritor Chateaubriand. Por cierto, la marea es tan imponente que durante algunas horas al día se puede visitar a pie la isla de la que estamos hablando. Mucho cuidado con las mareas.

Además de la ciudad bellísima, tiene un par de playas interesantes, una junto a la muralla, con, incluso, una piscina natural. Tiene otra playa kilométrica, eso sí, cuando baja la marea tienes que caminar un rato para bañarte en sus aguas. La ciudad es muy animada, está llena de gente y tiene un montón de restaurantes con marisco.

Dinard

Al otro lado del estuario del Rance se encuentra Dinard, elegante y señorial. A finales del siglo XIX se convirtió en la meca de la aristocracia y la burguesía inglesa, que dejaron como legado magníficas villas frente al mar. Hoy sigue teniendo un aire de balneario chic, con playas doradas, un paseo marítimo encantador y el famoso festival de cine británico que se celebra cada otoño. Desde Dinard se pueden tomar senderos costeros con vistas maravillosas hacia Saint-Malo.

Cancale

Durante algunas noches en esta ruta tomamos Cancale como base para visitar el resto de lugares. Cancale es un pueblo pequeñito pero con un puerto con mucho encanto donde las ostras son las reinas de la costa. Este pequeño puerto pesquero ha sido reconocido desde tiempos de Luis XIV por la calidad de sus ostras, que se pueden degustar fresquísimas en el puerto, frente al Mont-Saint-Michel en el horizonte. Sí, sí, puedes llegar a ver Mont-Saint-Michel a lo lejos en los días claros y es emocionante.

Más allá de la gastronomía, Cancale es también el punto de partida para llegar a la Pointe du Grouin, un cabo salvaje desde donde se domina la costa esmeralda. Los acantilados y la vista panorámica sobre el Canal de la Mancha son uno de los paisajes más impresionantes de Bretaña. Hay una playita encantadora desde la que se puede hacer una ruta de senderismo a Pointe du Grouin o relajarte directamente allí con unas preciosas vistas naturales. Hay un par de restaurantes donde cenar mirando al mar como hicimos, nos encantó.

Quimper

Quimper, capital del Finistère, es una ciudad con encanto gótico y celta a partes iguales. Su catedral de San Corentin es una de las más hermosas de la región, con torres puntiagudas que dominan el horizonte. El centro histórico, cruzado por canales, está repleto de casas de entramado de madera, plazas animadas y tiendas de cerámica, ya que Quimper es famosa por su loza pintada a mano. También es un buen punto de partida para recorrer la costa del Finistère y descubrir los paisajes más salvajes de Bretaña.

Fougères

Mientras nos marchábamos de Bretañas para adentrarnos en el Loira buscamos una lugar para hacer una parada en la ruta. Pensamos en Rennes, pero no encontramos nada que nos llamase demasiado la atención y pinchamos en Fougères. ¡Menudo descubrimiento! ¡Qué maravilla! El castillo de Fougères es espectacular, sin duda el más impresionante de Bretaña y una de las fortalezas medievales más grandes de Europa, con torres, murallas y un foso que transportan a otra época.

El pueblo que lo rodea es igualmente pintoresco, con casas tradicionales y un ambiente tranquilo. Fougères fue clave en la defensa de la frontera entre Bretaña y Francia, y su historia se respira en cada rincón.

El Mont-Saint-Michel, una joya vecina

Aunque el Mont-Saint-Michel se encuentra en Normandía y no en Bretaña, resulta casi imposible viajar por esta región sin acercarse a conocerlo. ¡Como no hacerlo! Este islote coronado por una abadía benedictina es uno de los monumentos más visitados de Francia no sólo por lo impresionante de su localización, si no porque es Patrimonio de la Humanidad.

Además de ser un lugar espectacular, con un pequeño centro medieval y la abadía en lo alto, lo más impresionante son las mareas en la bahía. Cuando suben, el monte queda rodeado completamente por el mar; cuando bajan, el paisaje se transforma en una vasta llanura de arena que se puede recorrer con guía. (Muy importante, no entréis en la zona sin un guía, la marea sube rápidamente, no es como la marea que vemos subir poco a poco en las playas)

El Mont-Saint-Michel está a menos de una hora en coche de Saint-Malo y Cancale, por lo que encaja perfectamente en una ruta por la Bretaña francesa y merece la pena. Pasear por sus calles empinadas, subir hasta la abadía y contemplar las vistas panorámicas es una experiencia única. Aunque no sea estrictamente bretón, forma parte de la magia de un viaje por esta zona de Francia y completa de manera ideal el itinerario.

Otros lugares con encanto en Bretaña

Además de los destinos más conocidos, Bretaña está salpicada de pequeños pueblos que parecen sacados de una postal: casitas de piedra, decoradas con miles de colores, calles cuidadas…Rochefort-en-Terre, por ejemplo, ha sido varias veces nombrado como uno de los pueblos más bellos de Francia gracias a sus casas de piedra, balcones llenos de flores y calles empedradas donde el tiempo parece detenerse. Locronan, por su parte, ofrece un ambiente medieval único, con edificios de granito gris que le han valido ser escenario de numerosas películas históricas.

Vannes merece también una parada: su casco antiguo, rodeado de murallas bien conservadas, es un lugar perfecto para perderse entre calles adoquinadas, plazas con terrazas animadas y fachadas de colores que parecen sacadas de un cuento. Cada uno de estos pueblos refleja una faceta distinta de Bretaña, desde lo medieval hasta lo marinero, y todos tienen en común ese aire acogedor que hace sentir al viajero como en casa.